Masa de pizza

Yo creo que la pizza es algo que gusta a todo el mundo, al menos yo no conozco a nadie que no le guste. Y hay pocas cosas mejores que una maravillosa masa de pizza casera para preparar nuestra pizza favorita.

Al contrario de lo que se pueda pensar, hacer una masa de pizza en casa no es nada complicado. Sólo tenemos que tener un poco de paciencia porque si es lento, ya que necesita un rato largo de reposo (casi una hora). Las cantidades no son exactas, no pasa nada si echamos un poco más o un poco menos de algún ingrediente, es una masa que admite correcciones sobre la marcha. El agua, sobre todo, dependerá de la fuerza de la harina, de la temperatura y humedad ambiental…

Ingredientes:

  • 400 gr de harina común
  • 180 – 200 gr de agua templada
  • 1 sobre de levadura seca (5.5 gr)
  • 30 gr de aceite de oliva
  • 1 cta de sal
  • 1/2 cta de azúcar
  • semolina

Elaboración:

Esta receta es muy sencilla de hacer, ya lo veréis, un poquito de paciencia y sale sola 😉

Comenzamos poniendo en un bol la harina, la levadura, sal, azúcar y aceite. Ojo, es importante que la sal no toque directamente la levadura, para evitarlo, simplemente ponemos la sal en un ladito y la levadura en el contrario. Si se tocan directamente la sal puede llegar a estropear la levadura y no conseguiremos que la masa fermente.

Mezclamos estos ingredientes un poco antes de añadir el agua. Usaremos agua templada para ayudar a la activación de la levadura.

La añadimos de poco en poco, amasando y mezclando por completo antes de añadir más, así podremos controlar bien la cantidad de agua que necesitamos.

Al final, tenemos que conseguir una masa blanda, ligeramente pegajosa pero que no mache. Le damos forma de bola y la untamos con aceite. La dejamos reposar, tapada con un paño para que no se seque, hasta que duplique su volumen. Este proceso puede tardar en torno a una hora o 50 minutos. Si tienes un ambiente fresco en casa puedes meter el bol en el horno precalentado a 50º. En el momento que introduzcas el bol, apagas el horno y lo mantienes cerrado.

Pasado el tiempo de reposo, sacamos nuestra masa del bol y la volcamos en la mesa. No hace falta que la amasemos de nuevo ni nada, simplemente, partimos la masa en dos partes iguales.

Cada masa le damos forma de bola y las vamos estirando aplanándolas con la mano poco a poco hasta conseguir el tamaño deseado. Es importante espolvorear por la mesa semolina (o, en su defecto, harina normal) para que no pegue y podamos ir estirándola bien. Si queremos borde grueso, dejaremos sin aplanar como medio centímetro del borde de la masa. Si nos gusta más la masa fina la extenderemos de manera uniforme.

Tendremos que tener el horno precalentado a 210º y meteremos la masa de pizza unos 10 minutos. Sólo queremos que se prehaga un poco para que, a la hora de ponerle los ingredientes que queramos, se haga bien por dentro y quede crujiente.

En los hornos profesionales se puede meter cruda directamente con el topping, pero en los hornos caseros que no son tan potentes, yo prefiero precocerla antes para asegurarme de que sale bien.

Pasado este tiempo, sacamos la masa y le colocamos los ingredientes deseados, la volvemos a hornear bajando la temperatura del horno un poco (a 190º o 200º) y la dejamos hasta que los bordes cojan color dorado.

Os aseguro que merece la pena hacer la masa de pizza casera porque es una delicia!.

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